Abre quien llegue
Da igual quién abra esa mañana: es pulsar un botón, no hacer fuerza.
El cierre de una tienda se sube y se baja todos los días del año. Motorizarlo es dejar de pelearse con él cada mañana y, de paso, quitarle años de tirones al mecanismo.
Da igual quién abra esa mañana: es pulsar un botón, no hacer fuerza.
El motor sube siempre igual. Los tirones son lo que descuadra poleas y dobla lamas.
El motor hace de tope y la persiana no sube estirando de ella desde la calle.
Se aprovecha el eje y las guías. El escaparate no se toca.
En una persiana de comercio de tamaño corriente lo habitual es el motor tubular: un tubo que se mete dentro del propio eje. Desde la calle no se ve nada; el cierre parece el de siempre, pero sube solo.
Su ventaja en locales antiguos es que no ocupa sitio en el cajón, que muchas veces va justo. Lo que hay que comprobar es que el eje tenga el diámetro adecuado para que entre.

Para eso está el motor tubular, que va metido dentro del propio eje y no roba sitio en el cajón. Es justo el caso en el que se usa.
Sí, pero conviene decirlo: el motor se dimensiona también por el uso previsto, no solo por el peso. Un comercio que abre a mediodía hace el doble de maniobras que uno que no.
Sí, con una centralita horaria. Aun así siempre lo montamos con fotocélula: un cierre que baja solo sin ver lo que hay debajo no es buena idea.
No hace falta quitarla, pero deja de usarse: con el motor puesto la persiana no sube tirando desde fuera.
El motor se puede desmontar y reaprovechar si el eje del nuevo local es compatible. Hay que verlo, pero se hace.
Dinos cuánto mide de ancho y mándanos una foto del cajón por dentro. Vamos a verlo sin coste.
Cuéntanos cómo es la persiana del local y cuántas veces se abre al día. Con eso ya te podemos ir diciendo qué motor necesita.